AVISO IMPORTANTE: lo que vas a leer a continuación, puede provocarte unas repentinas ganas de elegir un destino y lanzarte a la aventura de vivir en el extranjero por un tiempo indeterminado.

Bueno, fuera de bromas, espero que al menos este artículo te sirva de inspiración.

Mucho se ha escrito ya sobre los vicios y virtudes que suponen para el ser humano la experiencia de vivir en el extranjero.

Lo que vas a leer a continuación no es más que una reflexión basada en mi experiencia personal y en la de otras personas que conocí durante mi estancia de 7 años en Escocia (Reino Unido).

Así que, si me permites, déjame que te cuente un poco de lo que, desde mi humilde opinión, supone esta experiencia para tu desarrollo personal y profesional.

 

Preparándome para la aventura

Probablemente, tomar la decisión de dejar tu casa, tu trabajo, tu familia, tus costumbres, en general, todo lo que conoces, para irte a un país extranjero, te genere un montón de dudas, pero no debes dejar que acaben con tu sueño.

¿De qué trabajaré para vivir? ¿Cómo me entenderé con la gente si apenas hablo el idioma?¿encontraré piso pronto?

Obviamente, internet te va a servir de mucha ayuda para conseguir información sobre todos los trámites o gestiones que tengas que hacer al principio.

O quizá tengas un amigo que ya vive allí y te puede echar una mano.

Lo importante es que tomes la decisión y seas consecuente con ella hasta el final.

Cuéntale tus planes a tu familia, a tus amigos, a todo el mundo. Lo normal es que te apoyen y así tú también te verás motivado y tendrás menos posibilidades de que tus fuerzas flaqueen.

En mi caso, fueron unos amigos los que me dieron el ultimo empujón para dar el salto, ya que decidieron viajar conmigo los primeros días en Escocia.

 

Viviendo en otro país

Ha llegado el momento, estás en tu destino, ¿y ahora qué?

Ahora es cuando te das de bruces con la realidad. Ya no valen ni guias, ni blogs de viajes, ni siquiera lo que algún amigo o familiar te haya podido contar. Ahora estas cara a cara con tu nueva vida.

Al principio lo pasas mal, luego las cosas se van normalizando y sin quererlo, te vuelves a meter en otro charco.

Yo siempre digo que durante el tiempo que estuve viviendo en Escocia, tuve la sensación de estar constantemente saliendo de mi zona de confort. Aprendí a no acomodarme demasiado, así que si veía que me estancaba, me metía en un “fregao”. Lo mismo daba si era estudiar programación web en el College (pre universidad) o trabajar en una tienda local de muebles en el que yo era el único español.

Todo cambio merece esfuerzo y sacrificio, por eso no le debes dar  tanta importancia a los momentos duros, ya que estos son los que realmente enseñan.

Por el contrario, también vives experiencias muy positivas y enriquecedoras.

Conocer a gente de todo el mundo que está pasando por lo mismo que tú, hace que se cree un nexo de unión muy fuerte y rompa las barreras lingüísticas y culturales.

Llega un momento en el que sientes profunda admiración por lo que puedes aprender de personas tan diferentes a ti.

Sin lugar a dudas, la mayor transformación que sufres a nivel personal cuando vives en otro pais es debido a las relaciones directas con otros seres humanos culturalmente muy diferentes a ti.

Tu perspectiva de la vida se expande. Aprendes que hay diferentes formas de ver las cosas que apuntan al mismo sitio.

 

Mi experiencia en un hostel (albergue)

Un apartado aparte se merece la que ha sido la experiencia que más me ha marcado durante mi estancia en Escocia.

Así que, permíteme que te cuente en líneas generales como fue mi vida en un hostel durante el primer año en Escocia.

Cuando llegué a Edimburgo (capital de Escocia), estuve varios días visitando la ciudad con unos amigos. Cuando volvieron a España, un conocido me ofreció alojarme en su casa hasta que encontrara un sitio más estable en el que quedarme.

En aquel momento ni me plantee la posibilidad de vivir en otro sitio que no fuera un piso, pero las circunstancias hicieron que tuviera que dejar la casa de este conocido y reservar una habitación compartida en un céntrico hostel de la ciudad.

Decidí establecer mi campamento base allí, obviamente como algo temporal. Sin embargo, sin trabajo y contando tan solo con unos ahorros para vivir las primeras semanas la opción más fácil era quedarme allí por una temporada larga.

Me sentía triste y solo (aunque eso cambio pronto). Ocupaba mis días buscando trabajo y haciendo los trámites propios para empezar a vivir en el país.

Mientras tanto, empecé a conocer gente en mi misma situación de diversas partes del mundo. Había zonas comunes donde era imposible no entablar alguna conversación con alguien mientras cocinabas o veías la tele.

Además, estaban mis compañeros de habitación. Al final, eran con quien más tiempo pasaba.

Poco a poco empezamos a crear una gran familia entre todos los que vivíamos y aquello parecía una especie de “Torre de Babel”, con personas de todas partes del mundo. Al final te das cuenta de que tenemos más cosas en común de lo que nosotros pensamos.

Con el tiempo, empecé a trabajar en el mismo hostel donde me alojaba, y como me hacían descuento en la renta, ya no tenía muchas excusas para buscar un piso cómodo con una habitación compartida. Ahorraba dinero y me sentía parte de una gran familia (cuando vives fuera, esto es muy importante). No le podía pedir más a la vida en aquel momento.

Ha sido la etapa más fructífera de mi vida en lo que a relaciones sociales se refiere. Aprendí a observar todo lo que pasaba a mi alrededor y me quedaba ensimismado por las vidas de la gente que vivía allí y por aquellos viajeros que estaban de paso.

Se podía decir que era feliz y me acostumbre a ciertas incomodidades como era el hecho de compartir habitación con gente de todo tipo (con sus manías y costumbres), o no poder disfrutar de muchos momentos de soledad cuando lo necesitaba.

Al final, llegó un momento en el que me cansé de ver gente yendo y viniendo todo el tiempo. Sentía que me estaba estancando allí mientras la vida seguía para el resto de la gente. Así que decidí poner fin a aquella experiencia y me marché a un piso con un amigo.

 

No hace falta vivir en un hostal, ni siquiera hace falta salir de tu país (aunque lo recomiendo), lo único que te pido es que observes a los demás y aprendas de sus diferentes modos de ver la vida. Esto te cambia la vida, para siempre.

 

Desventajas de vivir en el extranjero

Vamos a ver, vivir en otro país es una experiencia vital, pero esto no quiere decir que sea un camino de rosas. Aquí te detallo algunos “contras” que tiene vivir fuera una larga temporada:

  • Estas lejos de tu familia y tus amigos.

Poner tierra de por medio tiene un precio que has de pagar. En cierto modo, el contacto habitual que tenías con tu gente hace que las relaciones se enfríen. No tanto en el caso con tu familia (al fin al cabo son tu sangre), pero si con tus amigos.

Aunque hables por Skype o redes sociales, el contacto físico es muy importante.

Pero esto es normal, te estás perdiendo vivencias con ellos que hacen que se resquebraje vuestra sólida relación.

 

  • Sientes una continua nostalgia.

Aparte de las personas, echas de menos la comida, las tradiciones, los eventos especiales como Navidad. Todo, lo echas de menos todo. Incluso empiezas a hacer cosas que en la vida se te hubiera ocurrido, solo porque tiene que ver con tu cultura. Por ejemplo, a mí me dio por cocinar torrijas en Semana Santa y Roscón de reyes en Navidad, no te digo más.

 

  • Te cuesta adaptarte a una cultura diferente.

Depende mucho del país al que vayas, pero, en cualquier caso, es difícil adaptarse al idioma, comida, horarios, etc.

 

En resumen, si pretendes ser un expatriado tienes que saber que, sobre todo al principio, lo vas a pasar mal.

 

Ventajas de vivir en el extranjero

Pero no todo va a ser malo. Ahora viene lo mejor: todo lo que te traes en la maleta cuando vuelves a tu país (y no me refiero solo a lo material).

  • Aprendes un segundo idioma (siempre que sea distinto al de tu país de origen).

Todo el mundo sabe que el lenguaje hace que te conectes mejor con quien te escucha. Así, la comunicación fluye y podéis comprender la idiosincrasia de cada uno.

Por eso, cuando aprendes el idioma del país de destino, es más fácil comprender como piensa su gente y por lo tanto adaptarse a su forma de ver la vida.

 

  • Aprendes a adaptarte a situaciones difíciles.

El hecho de que tengas que valerte por ti mismo para hacer las cosas, hace que te obligues a salir de forma habitual de tu zona de confort.

Es decir, que cuanto más se adapte tu mente a superar momentos difíciles, mas aumentarán tus capacidades para conseguir lo que te propongas.

 

  • Te hace crecer como persona.

Es obvio,¿ no?

Acumulas experiencias de todo tipo, adoptas la perspectiva que otras personas muy diferentes tienen de la vida y aprendes a relacionarte con tu entorno aplicando distintos puntos de vista.

Esto hace que te conviertas en una persona más creativa y resolutiva.

 

Vamos, que merece la pena pagar el precio de pasarlas “canutas” en algún que otro momento, por traerte la maleta llena de experiencias enriquecedoras que cambiaran tu vida para siempre.

 

Volviendo a casa

Se acabó, ya estás de vuelta en tu país de origen.

Tras pasar un tiempo intentando adaptarte a vivir de nuevo en tu tierra, te das cuenta que algo raro está pasando.

Te sientes fuera de lugar en tu propio país, con tu gente de toda la vida.

No te preocupes, es normal. El mundo ha cambiado mientras estabas fuera. Tú has cambiado y tu gente también.

Deja que te explique mi experiencia cuando volví a mi país.

Al principio todo era bonito. Me volví convencido de mi decisión: era el momento de cerrar una etapa en el extranjero y empezar una nueva vida cerca de los míos.

Poco a poco me fui dando cuenta que había demasiados cambios que tenía que afrontar para volver a sentirme cómodo con el entorno. El principal era mi cambio de mentalidad, que chocaba bastante con la mentalidad de la gente de mi país.

Tengo que reconocer que a día de hoy, todavía me cuesta entender ciertas costumbres de la gente de mi tierra. Pero no es malo. Entiendo que he pasado un tiempo fuera y he vivido muy alejado de ciertas situaciones y temas, así que he “perdido el hilo”.

Por eso, me costaba entrar en conversaciones sobre temas que desconocía o no me interesaban, o simplemente me costaba aceptar ciertas actitudes de la gente.

Por otra parte, siempre he tenido la sensación de que cuando volviera las cosas seguirían como las dejé. Pero nada más lejos de la realidad. Cuando me fui mis amigos y yo hacíamos planes  habitualmente y al regresar muchos habían tenido hijos o se habían casado. Supe en ese momento que mi vida social ya no sería la misma.

Hoy sé que lo que me paso era normal. Es más, es un síndrome y tiene un nombre: choque cultural inverso. Básicamente, es un impacto psicológico que se produce al volver al punto de partida pero sin ser la misma persona.

Tengo que reconocer que ha sido un proceso largo de adaptación, pero todo se supera.

Y después de este proceso, ¿Qué te espera?

Pues toca aprovecharte de lo que has aprendido fuera y ponerlo en práctica en tu nueva vida.

Las empresas suelen valorar bastante la experiencia en el extranjero, y si has estudiado algo allí, mejor. Por no hablar de nuevo idioma, que seguro que te abre muchas puertas.

A lo mejor decides montar tu propio negocio gracias a las habilidades que has aprendido.

Y no hablemos de los hábitos que has adquirido. En mi caso, dejé de ver la tele y me preocupe más por mi alimentación.

En fin, que son muchos los aspectos de tu vida en los que puedes aplicar todo lo que aprendiste.

 

Conclusión

Espero que, al menos, te sirva de inspiración si decides dar el paso de esta experiencia.

Y si lo de vivir fuera no es para ti, no te preocupes. No hace falta para cambiar o mejorar tu vida. Siempre puedes aprender un nuevo idioma desde casa o la academia de tu barrio, igual que puedes leer libros o ver documentales sobre otras culturas que te hagan ampliar tu forma de pensar.

Es verdad, que vivir en el extranjero facilita y agiliza el proceso de mejora de vida, pero no es indispensable.

Al final de lo que se trata es que te atrevas a salir de tu zona de confort y empieces a reinventarte.

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